SGENM
SOCIEDADE GALEGA DE ENDOCRINOLOXÍA E NUTRICIÓN
Sociedade Galega de Endocrinoloxía e Nutrición Fundación de Endocrinología y Nutrición Gallega
menu usuario

Tiroides, bocio y hormonas tiroideas

La glándula tiroidea, o tiroides, es una glándula que tenemos en la parte anterior del cuello. Es una glándula vital, porque es la responsable de producir unas substancias imprescindibles para la vida, que son las hormonas tiroideas.

Las hormonas tiroideas no tienen una única función específica. Son lo que se denomina hormonas facilitadoras porque su presencia es imprescindible para el desarrollo de una gran mayoría de funciones celulares. Probablemente, de los procesos en los que las hormonas tiroideas son necesarias, los más importantes son los implicados en el desarrollo, tanto cerebral como somático. La ausencia de hormonas tiroideas tiene consecuencias dramáticas e irreversibles cuando se produce durante el crecimiento fetal o en los primeros meses de vida del recién nacido. Por ese motivo, a todos los recién nacidos, en nuestro país, se les obtiene una muestra de sangre pinchada en el talón, para poder medir, entre otras cosas, los niveles de hormonas tiroideas del neonato y detectar de forma precoz su carencia.

Las enfermedades de la tiroides pueden aparecer como consecuencia de anomalías en el tamaño, en la morfología o en la función de la misma. No necesariamente una anomalía del funcionamiento se acompaña de una anomalía morfológica y, a la inversa, una anomalía morfológica no tiene que ir acompañada necesariamente de una alteración en la producción de hormona tiroidea.

Bocio es cualquier aumento de tamaño de la glándula tiroides. Este aumento de tamaño puede ser consecuencia de la aparición de un nódulo, de muchos nódulos o bien puede ser un aumento difuso, global, de la glándula.

La disminución de tamaño de la glándula tiroides se denomina atrofia tiroidea.

El exceso de producción de hormonas tiroideas se denomina hipertiroidismo, y el déficit en la producción de las mismas se llama hipotiroidismo. El hipertiroidismo es una alteración que, entre otros síntomas (nerviosismo, insomnio, etc.) cursa con adelgazamiento (a pesar de comer lo mismo o incluso más). Por el contrario, a diferencia de la creencia popular, el hipotiroidismo no hace engordar. Es habitual atribuir al tiroides, a la falta de hormona tiroidea, incluso entre los profesionales sanitarios, el aumento de peso. En general se puede afirmar que el hipotiroidismo no produce ganancia de peso, y ello es fácil de entender si tenemos en cuenta que una persona con hipotiroidismo tiene menos hambre, por lo que espontáneamente reduce su ingesta (al revés que en las personas hipertiroideas, en las que hay hiperfagia por aumento del apetito) a sus necesidades reducidas. Lo que sí sucede, frecuentemente, es que cuando una persona hipotiroidea come menos, porque tiene menos hambre, su entorno familiar le obliga a comer más “por miedo a que enferme” y ello condiciona una ganancia de peso. Pero en este caso la “culpa” no es del tiroides, sino de la creencia popular que hay que comer mucho para no enfermar.

Entre las anomalías morfológicas, la más frecuente en nuestro medio es el aumento de tamaño de la glándula por la aparición de múltiples nódulos, que dan lugar a la aparición del denominado Bocio Multinodular. No es raro que éste, al cabo de muchos años, se acompañe de un exceso de producción de hormonas. El bocio multinodular aparece en zonas en las que la dieta es pobre en yodo. Esto es lo que sucede en las provincias de Lugo y Orense y, en general, en casi toda Galicia (sobre todo en las zonas del interior). Se cree que la falta de yodo de la dieta se debe a la antigüedad geológica de nuestra región, una de las más antiguas del planeta. Así, durante el transcurso de los eones, se ha ido “lavando” el yodo de nuestro suelo, con lo que las plantas carecen de dicho elemento, los animales no lo ingieren y los seres humanos tampoco.

Las hormonas tiroideas se sintetizan (se fabrican) en la glándula tiroidea. Ésta es la que, cuando aumenta de tamaño, se denomina bocio. El proceso de síntesis de las hormonas tiroideas es muy complejo y está estrictamente regulado por una serie de mecanismos en los que están implicadas otras partes del cuerpo. De éstas, la más importante es la hipófisis, que es otra glándula muy pequeña, localizada aproximadamente en el centro geométrico de la cabeza. La hipófisis produce una hormona, la hormona estimulante del tiroides, normalmente conocida como TSH (del inglés “Thyroid Stimulating Hormone”), la cual es responsable de que el tiroides produzca más cantidad de hormona tiroidea (a la que a partir de ahora le llamaremos T4) y de que aumente de tamaño la glándula tiroidea si es preciso. Cuando hay poca cantidad de T4 en la sangre, la hipófisis reacciona y produce más TSH para que se sintetice más T4. Cuando la cantidad de T4 sobrepasa un límite en la sangre, la hipófisis no libera más TSH, para que se deje de producir hormona tiroidea y evitar así un exceso de la misma. En realidad, la T4 no es una hormona, sino que es lo que se denomina una pro-hormona, la cual tiene que ser transformada en la hormona activa, que es la T3. Para complicar más las cosas, a la T4 también se le puede conocer como tiroxina y a la T3 como triyodotironina.

Las hormonas tiroideas tienen múltiples funciones. Son imprescindibles para la vida, de forma que no podemos sobrevivir sin ellas. Déficit ligeros de hormonas tiroideas en la edad adulta pueden pasar desapercibidos o ser fácilmente compensados aumentando la producción de TSH y así el tamaño de la tiroides. Cuando esto no se consigue, aparece lo que se denomina hipotiroidismo, el cual en la edad adulta es relativamente fácil de tratar y no suele tener secuelas.

No sucede lo mismo durante el desarrollo, puesto que las hormonas tiroideas son críticamente imprescindibles para el desarrollo cerebral normal y para el crecimiento corporal desde las primeras fases del desarrollo embrionario y hasta que se completa toda la adolescencia. La falta de hormonas tiroideas en alguna de las fases del desarrollo puede tener además consecuencias irreversibles, tanto en el desarrollo somático, produciendo tallas bajas (si se tratan a tiempo, que es lo habitual, el retraso de crecimiento es reversible y sin secuelas) como en el desarrollo cerebral, produciendo déficits intelectuales, de los cuales el más grave es lo que clásicamente se denominaba “cretinismo”, término médico (no un insulto) que se utilizaba para designar el retraso mental grave derivado de un hipotiroidismo congénito no detectado a tiempo o no tratado. Afortunadamente, actualmente, gracias a las técnicas de detección precoz de metabolopatías en recién nacidos (la famosa gota de sangre que se les pincha a todos los niños al nacer), el cretinismo es una entidad excepcional.

Para la síntesis adecuada de hormonas tiroideas, además de recibir el estímulo por la TSH, es imprescindible que la glándula tiroides disponga de cantidades suficientes de yodo. Para producir una molécula de tiroxina se necesitan cuatro de yodo (de hecho, a la T4, o tiroxina, también se le puede denominar tetrayodotironina). La T3 se denomina así, o triyodotironina, haciendo referencia a que la T4 se transforma en T3 porque pierde una de las moléculas de yodo de una posición en concreto dentro de la molécula.

El yodo tenemos que recibirlo en la dieta. El problema es que en Galicia, sobre todo en el interior, la dieta es muy pobre en yodo (salvando en algún caso las zonas costeras). Es insuficiente para nuestras necesidades, y por eso es imprescindible que consumamos productos suplementados con yodo, como por ejemplo la sal, que debería ser siempre yodada (salvo en casos concretos de existir ya una patología tiroidea diagnosticada, en cuyo caso la sal yodada puede ser perjudicial). Esto es especialmente importante, por lo que ya se ha explicado, en las edades en las que somos más susceptibles de daño por una falta de hormonas tiroideas. Así, todos los niños y todas las mujeres en edad fértil deben consumir cantidades suficientes de yodo, para asegurarnos de que el desarrollo somático e intelectual no sea deficiente por culpa de la carencia de ese elemento. En el caso de las mujeres embarazadas, actualmente se sabe que incluso con la sal yodada no es suficiente, y por eso se suplementan los embarazos con pastillas que tienen yodo en cantidad suficiente (200 microgramos diarios).

La falta de yodo en la dieta de una población se manifiesta por una mayor frecuencia de bocios y de hipotiroidismos, pero incluso existen estudios que demuestran que la carencia de yodo en una población puede hacer que el cociente intelectual medio de esa población sea inferior al de una población con una ingesta suficiente de yodo. Se debe insistir, por lo tanto en el consumo habitual de sal yodada.